viernes, 18 de marzo de 2011

Reclusión letal

Bueno, hoy les traigo esta historia que leí en la revisa Selecciones de Enero del 2011. Me impresiono mucho la historia de este niño de China. Eh decidido transcribir el texto (bueno la mitad, la otra mitad me la encontre en la pág. online de la revista selecciones) para que tengan la oportunidad leerlo.

"En China, un muchacho adicto al internet encuentra la muerte en un supuesto campo de reabilitación".





Una cálida tarde de Agosto del 2009, Deng Fei, su esposa, Zhou Juan, y su hijo, Deng Senshan, subieron a su auto y enfilaron hacia el Campo de Entrenamiento y Salvación Qihang, en la China rural. El trayecto de media hora desde su hotel, en Nanning, les parecio eterno a los esposos. En el asiento trasero, su hijo, desemblante serio, miraba en silencio como dejaba atras, almacenes, edificios a medio construir y las parcelas cultivadas de la provincia meridional de Guangxi.
El campo Qihang prometia curar a los jovenes de la adicción a internet, la cual se a convertido en uno de los riesgos de salud pública más temido en China. El folleto del campamento aseguraba que cerca de 80% de los jovenes chinos son adictos a la red. Al parecer, Deng Senshan, de 15 años, era uno de ellos. Antes un estudiante sobresaliente, sus calificaciones habian caido en los ultimos dos años. Pasaba la mayor parte del tiempo jugando en cafés internet o en la computadora que tenia en su casa. Deng Fei y Zhou Juan temian que su hijo se perdiera a causa de un demonio tecnológico que apenas entendian.
El campo Qihang ofrecia poner fin a su "mala conducta". Pero cuando lo tuvieron a la vista, no resulto la institucion educativa que Deng Fei habia imaginado. Más bien, parecia una carcel ruinosa: un decrepito edificio de concreto de tres pisos, ventanas con barrotes y malesa por todas partes. En dos canchas de basquetbol, unos sudorosos adolescentes estaban enfrascados en una seción de entrenamiento bajo el intenso sol. Los instructores, vestidos con camiseta negra estampada con el emblema de la policia militar, los vigilaban.
La familia bajo del auto. Era cerca de la una de la tarde -No quiero quedarme aquí- dijo Deng Senshan en tono de suplica. 
Tras reprimir una sensación de angustia, su padre respondio: 
-Esto sera bueno para ti. Saldras en un mes, fuerte y en forma.

Su madre también trataba de contener al ansiedad. En cierto momento llevo aparte a un instructor y le pregunto por qué obligaban a los chicos a ejercitarse con tanto calor.
 
El campo de Entrenamiento y Salvación Qihang parecia una carcel ruinosa.
 
-En casa, los muchachos estan muy comodos- repuso el hombre, y añadio que el trabajo arduo y las fatigas eran parte de la terapia.
-No golpean a los chicos, ¿verdad? - pregunto la madre.
-Aquí solo recurimos al tratamiento psicológico.
Los padres de Deng Senshan pagaron 7,000 yuanes (unos mil dolares) por un mes de rehabilitación, y luego vieron como conducia a su hijo a un cuarto que habia frente a las canchas de basquetbol. Los funcionarios del campo les aconsejaron que se marcharan. Mientras se dirigian a la salida, Zhou Juan no podia resistir el impulso de hechar un ultimo vistaso a su hijo. Por una rendija de la puerta del cuarto, no vio sentado en una silla, con la cabeza agachada.
Conforme el número de usuarios de internet en china se han disparado de 620,000 a 420 millones durante los ultimos 13 años, los jovenes chinos se han acosntumbrado a las herramientas de la era digital. En clubes de internet del tamaño de un angar y que estan habiertas las 24 horas del día cientos de adolescentes pasan horas frente a monitores de computadora. Tan solo el sitio de mensajes instantaneos y red social qq.com tiene más de 568 millones de cuentas activas. Un creciente suministro de programas furtivos ayuda a los usuarios a eludir los programas restrictivos (firewall) que el estado utiliza para bloquear el acceso a YouTube y Twitter.

Los padres siempre se han preocupado por el permisioso impacto de la cultura juvenil, ya sea que provenga de historietas, de rock o de los videojuegos. Pero en la sociedad rigida y ultra competitiva de China, el auge de internet represa algo más que un problema de diciplina. Se le concidera una amenaza existencial, lo que en parte explica porque se han vuelto una obsesión nacional "rehabilitar" a los jovenes con una supuesta adicción a internet. El panico condujo con las historias de terror publicadas desde el 2002 por la prensa oficial. Un incendio en un café internet sin licencia casuo la muerte de 24 personas; dos muchachos de Chongqing, exhaustos de dos días de jugar en linea, se desmayaron en las vias de ferrocaril y fueron arroyados por un tren; un adolescente de Qingyuan mató a su padre porque lo habia reprendido por navegar muchas horas en la red, y un adolescente de 13 años de Tianjin, luego de una seción de 36 horas con el juego en linea World of Warcraft, salto de la asotea del edificio de 24 pisos donde vivia, deseoso, segun dijo, de "unirse a los heroes del juego".
El gobierno Chino reacciono rapido y energicamente. Prohibio la entrada de los cafés internet, suspendio la conseción de permisos para abrir locales nuevos y clausuro miles de establecimientos clandestinos (18,000 en 2004). Pero la medida mas notable fue la apertura de campos de entrenamiento.
Deng Senshan, un día antes de que su padre lo dejaran en el campo Qihang.
El Hospital General Militar de Beijing estableció el primero del país en 2004. Fue idea de Tao Ran, un coronel e investigador del Ejército que se había hecho famoso por rehabilitar drogadictos. El campo —que utilizaba una combinación de psicoterapia, entrenamiento físico y fármacos— se ocupaba principalmente de adolescentes y tuvo un éxito enorme.

La retórica en torno a la adicción a Internet se volvió aún más histérica. En 2006, el Comité Central de la Liga de la Juventud Comunista se lamentó abiertamente de la existencia de un “grave problema social” y calificó a los cibercafés de ser “semilleros de delincuencia juvenil y depravación”. Se culpó a la Red de los índices cada vez más elevados de deserción de la escuela secundaria y la universidad, y de la mayoría de los delitos cometidos por jóvenes.
A Tao Ran comenzó a preocuparle que la gente estuviera exagerando en sus reacciones, así que a finales de 2008, con el afán de eliminar la confusión y la incertidumbre, empezó a divulgar lo que, según él, era el perfil distintivo del adicto a Internet: jugar on line por lo menos seis horas al día durante tres meses seguidos, y experimentar una profunda sensación de pérdida emocional—e incluso física— al desconectarse de la Red. También empezó a presionar a su gobierno para que reconociera oficialmente la adicción como un trastorno mental. Sin embargo, se enfrentaba a una fuerza arrolladora. Se calcula que para entonces ya había más de 200 campos de entrenamiento en China.

La familia de Deng Senshan vive en un amplio apartamento de cuatro dormitorios en el condado de Ziyuan, una región de alrededor de 70.000 habitantes situada cerca de la frontera con Vietnam. Deng Senshan empezó a jugar juegos en Internet cuando tenía 11 años. Para este chico apacible, de anteojos y cabello negro peinado en puntas, era un simple entretenimiento en el que podía enfrascarse cuando no estaba nadando o soñando con ser algún día basquetbolista profesional.

Pero todo cambió al cumplir 13 años de edad, cuando se aficionó al World of Warcraft y otros juegos on line para múltiples participantes. Al volver a casa de la escuela, se pasaba horas frente a la computadora. A veces se salteaba las comidas y no dormía. Incluso desaparecía por las noches sin darle explicaciones a nadie. Deng Fei solía encontrarlo en alguno de los 10 o 12 cibercafés de la ciudad.
Los padres acudieron a recoger a sus hijos al campo Gihang para adictos a internet, hoy día clausurado.
Deng Senshan subió de peso y sus calificaciones escolares cayeron en picada. Sus padres pasaron la computadora a su dormitorio, le redujeron la cantidad de dinero que le daban para sus gastos y le compraron una cinta caminadora. Nada de esto funcionó. Los esposos discutían con su hijo y se preguntaban si era adicto. Entonces, una noche, Deng Fei vio una publicidad televisiva sobre el Campo de Entrenamiento y Salvación Qihang. Mostraba a una familia sonriente. Las instalaciones parecían adecuadas y seguras, e incluso inspiraban esperanza. El aviso era transmitido por la estación local de la televisión gubernamental. Deng Fei llamó al campo y, sin decirle nada a nadie, reservó un lugar para su hijo.

Luego de dos semanas, Deng Fei metió las valijas en el auto y llevó a su familia a la playa. Sentado en la arena tibia, vio a su hijo nadar en el mar de China Meridional. Cuando el chico fue a auxiliar a una mujer que sacudía los brazos frenéticamente y la arrastró hasta un lugar seguro, su padre se llenó de orgullo. Zhou Juan le sacó una foto a su hijo, en la cual aparece con el cabello mojado, una toalla sobre los hombros y una expresión estoica en la cara redonda: aún no sabía que estaba a punto de ser recluido en el campo cercano. Pero esa noche, en el hotel, sus padres le dieron la noticia.

—Esto te va a ayudar —le aseguró Deng Fei.

El Campo Qihang abrió sus puertas en mayo de 2009, poco antes del comienzo de las vacaciones de verano. Aunque se anunciaba como un programa de psicoterapia, su régimen de tratamiento estaba basado en ejercicios marciales intensivos, que empezaban al amanecer y no terminaban hasta después de la medianoche. A los internos que no lograban correr todas las vueltas o hacer las “lagartijas” que les exigían, los golpeaban. Un niño de 12 años, cuyos padres lo inscribieron allí por jugar mucho con su Game Boy, contó que se pasaba la mayor parte del tiempo concentrándose tan sólo en sobrevivir. “Si alguien que haya estado en ese lugar dice que no estaba asustado, miente”, señaló.

Varios de los compañeros de Deng Senshan posteriormente contarían cómo fue el primer—y único—día de éste en el Campo Qihang. Como todos los recién llegados, el muchacho empezó su estancia con una visita a una “sala de confinamiento” en la planta superior del edificio, donde le ordenaron que se colocara de cara a la pared. Al negarse a hacerlo, los instructores lo golpearon. “Lo oí gritar”, dijo una niña de 13 años, cuya madre la había enviado allí después de que empezó a faltar a la escuela por chatear en línea con sus amigos. “Pero era normal oír gritos”.

Cuando los demás internos fueron enviados a dormir, a eso de las 9 de la noche, a Deng Senshan y a otros tres recién llegados les ordenaron que corrieran alrededor de las canchas de básquet bajo las luces de los reflectores. Deng Senshan corrió unas 30 vueltas antes de tropezar y caerse. Un instructor lo arrastró hasta un asta de bandera y lo golpeó con la pata de una silla, que se partió en pedazos. El muchacho le suplicó que se detuviera, se puso de pie y siguió corriendo. Había dado media vuelta a las canchas cuando se cayó al suelo otra vez.

—¿Ya no quieres correr? —le gritó el hombre al tiempo que se acercaba con un banco de plástico, con el cual le asestó otro golpe.

Deng Senshan se derrumbó en el piso y dejó de moverse. Hubo al menos seis testigos. El chico fue llevado a su cama. Sangraba por la boca, los oídos, los ojos y la nariz. Durante la noche empezó a gritar:

—¡Me están matando!

Los instructores lo dejaron varias horas allí antes de enviarlo al hospital en un auto a las 3 de la mañana. Unas 14 horas después de haber llegado al campo, Deng Senshan fue declarado muerto.

Más de 10 personas fueron detenidas por la muerte del muchacho. Posteriormente se revelaría que el fundador del Campo Qihang —quien decía ser experto en Educación y Psicología— ni siquiera había cursado el colegio secundario.

Unos días después del asesinato, los instructores de otro campo en la provincia de Hubei mataron a golpes a un chico de 14 años. Seis días más tarde, un adolescente terminó en una sala de terapia intensiva después de sufrir lesiones en otro campo. Los informes de la prensa llevaron a la gente a exigir una intervención enérgica por parte del gobierno.

Mientras tanto, las autoridades de Guangxi empezaron a afrontar severas críticas por su papel en la tragedia. El anuncio del Campo Qihang se había transmitido a través de la televisión oficial, y el campo se encontraba en terrenos de una escuela subsidiada por el Estado. El gobierno finalmente indemnizó a Deng Fei y Zhou Juan por la muerte de su hijo, pero los funcionarios rechazaron la exigencia del padre de que le ofrecieran disculpas.

En noviembre de 2009, el ministro de Salud de China estableció las reglas que debían observar los campos de entrenamiento y proscribió el uso del castigo corporal, las “cirugías destructivas” y los encierros forzados. Tao Ran, quien se ha convertido en uno de los principales defensores de una supervisión más estricta, califica esas medidas como un esperanzador “primer paso”.

Hace poco Deng Fei llegó a una conclusión: su hijo no era adicto. “Internet probablemente era su manera de descargar la presión que sentía”, dice, mirándose los pies. “No sabíamos eso entonces”. Su esposa alza la cabeza y señala: “Ni siquiera jugaba tanto”.

Deng Fei y Zhou Juan conservan en su cuarto la computadora de su hijo. Antes de que lo llevaran al campo, Deng Senshan había guardado fotos familiares en su disco duro. Enjugándose las lágrimas, Zhou Juan habla de la computadora no como símbolo de adicción o temor, sino como un álbum de recuerdos que siempre tendrá a la mano, pase lo que pase. Su hijo se lo decía. “Él aseguraba que la computadora era inofensiva”, expresa.

Fuente(s):
Revista selecciones (ver. física y ver. online).
Imagenes de internet (iguales a la de la revista selecciones).

2 comentarios:

  1. 1. ¿Qué pedo con los papás del chavito? Por unas cuantas horas diarias se alarman, es como si a mí me mandaran sólo por entrar a distraerme un rato.
    2. ¿Qué pedo con el gobierno de allá? Se supone que si se abren instituciones así deben ser aprobadas por él.
    3. ¿A la niña de 13 también le pagaban?
    4. ¿Cómo dejan que un wey que no cursó ni la secundaria abra un congal así?
    ... Te creo que en un país tercermundista como éste pasen cosas así, pero en China que se supone es potencia ya no es normal. Creo que potencia o no, sigue habiendo gente pedeja en todos lados.

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  2. Si es adicto es un problem, pero nada que ver que nunca se haya informado lo que pasaba en el lugar hasta que alguien murio

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